Acción y coherencia desde el grupo de mujeres

Círculo de mujeres Blessingway image (c) VeronicaPetrie

Círculo de mujeres Blessingway image (c) VeronicaPetrie

 

El grupo pequeño exclusivamente de mujeres fue el punto de partida de gran parte del movimiento político feminista: la práctica de la autoconciencia¹ llevada a cabo en esos grupos se engendró en Estados Unidos durante el final de los años sesenta, siguiendo vigente como práctica totalmente válida hasta nuestros días. La librería de mujeres de Milán comentaba que esta fue una manera fácil de otorgar dignidad política a la cotidiana praxis entre mujeres de juntarse para discutir sus experiencias personales, significándose desde sí, rechazando la representación democrática y las grandes organizaciones². Lo que estos grupos de amigas proporcionaban era la capacidad de abrirse expresando miedos y vivencias habituales dentro del ser mujer; de manera que, dentro del ambiente que creaban de apoyo mutuo, se empujaban hacia un aprendizaje común enfocado a la lucha, a la acción y a la resolución de conflictos.

 

Se puede entender que la identificación recíproca e íntima que procuraban estos grupos de autoconciencia coincide en buena medida con la confianza y unión compartida dentro de los grupos de afinidad, al más puro estilo de las tertulias anarquistas. Tanto en unos como en otros, la opción de las divisiones no estaba disponible; las asperezas eran limadas hasta que las diferencias tan solo conseguían reforzar la identificación: tú, que eres mujer/ anarquista como yo, que has vivido lo mismo que yo. La separación temporal que estos grupos realizaban conscientemente del afuera no era una marginación, era una herramienta más de lucha para el crecimiento político procurado desde la autonomía, era un volverse hacia sí replegando la energía al interior para después renacer de manera renovada, de forma bastante similar a la fase lútea por la que pasamos durante el ciclo menstrual, en la que analizamos qué no queremos en nuestra vida para posteriormente volcarnos al afuera transformándolo.

 

La última frase del manifiesto de Rivolta Femminile en 1970 declaraba que buscaban la autenticidad del gesto de rebelión, que no la sacrificarán ni a la organización ni al proselitismo. Estos grupos de autoconciencia no formaban parte de organizaciones más amplias pero cada una de las componentes, al salir de ellos, volvía a la parte de su vida en la que tenía que convivir con el exterior. Dentro de estos espacios, aunque se ganaba en capacidad de análisis y en rabia, no se proporcionaban per se todas las herramientas (aunque sí muchas, por supuesto) para la transformación de la sociedad: la autoconciencia no es equivalente ni al cambio ni a la acción. “Que mi experiencia de estar sitiada explote fuera en la realidad. Llevar la guerra afuera” canta Troika³.

 

Aún con su alto grado de consenso, el grupo pequeño nunca llega a pecar de homogeneidad, permite enfocar en confianza y de forma sincera las problemáticas sobre la coherencia, más allá del clásico “menos de tres contradicciones al día es dogmatismo”.  Esto sería aquí la expresión del apoyo mutuo, del impulso hacia el aprendizaje y la acción para vivir en consonancia con los principios que deseamos compartir. Y el grupo no se queda ahí: actúa como dinamizador de la experiencia y de la potencia creadora para el resto, demuestra que la búsqueda de la coherencia dejando atrás los conformismos es posible. La clave es que el grupo no está aislado, convive políticamente y se coordina con más personas para alcanzar un crecimiento común, no busca ningún tipo de individualismo, cualquier logro y cualquier descubrimiento será compartido con el resto casi por deber moral, un poco en clave platónica.

 

El grupo de mujeres que, dentro del colectivo mixto, se separa para realizar un aprendizaje y después se vuelve seguro de sí mismo hacia la asamblea para espabilarla no está sino llevando a cabo de la manera más íntima posible el “tomar y hacer en vez de pedir y esperar”, dándole al anarquismo de su propia medicina, superando el sentimiento de insafisfacción y las condiciones que lo provocan conjuntamente. “Si esperamos crear una sociedad libre de la supremacía masculina después de derribar al capitalismo y construir el socialismo internacional, sería mejor que empezáramos a trabajar en ello de inmediato, ya que algunos de nuestros compañeros anticapitalistas nos van a dar mucho que hacer”4. Al igual que ni los derechos ni las leyes garantizan el impulso ni la seguridad a las mujeres en la sociedad, que el colectivo se diga feminista en base a autoproclamos abstractos tampoco va a proporcionárselo. Y el espacio no se hará feminista él solo; ¿cómo nos hemos olvidado de toda la filosofía DIY con la que tan de la mano ha ido el anarquismo? Dentro del grupo pequeño exprimimos al máximo toda la potencia de la individualidad, cada pequeña idea y cada pequeña propuesta cuenta, es la diferencia con los partidos de masas, los grandes sindicatos, el parlamentarismo y la delegación. ¿No te gusta algo? Intenta cambiarlo; tu grupo está ahí contigo, construye desde ya la alternativa en base a la seguridad que te proporciona la moral de los cuidados circundante. El Comité Invisible lo comentó escuetamente de manera similar: este mundo no puede mantenerse junto con el deseo de construir otro mejor5.

 

Lo que aprendemos entre nosotras es a convivir con nuestras diferencias y a usarlas como potencias energizantes: la estandarización solo haría que acercarnos a aquello que tanto odiamos, no hay un único anarquismo ni un único feminismo ni jamás lo habrá. La educación, sobre todo aquí, no es un proceso individual sino intersubjetivo, tenemos una responsabilidad relacional con el grupo que nos impulsa hacia la superación. Coexistimos entre la pluralidad de perspectivas gracias a las pasiones positivas que compartimos y que sabemos cómo enfocar (si hiciera falta algún ejemplo clarificador sería la ira de Audre Lorde6). Si no encontramos genealogías a las que adherirnos o referentes que nos inspiren, qué menos que aceptar la responsabilidad y comenzar a crearlos por nuestra cuenta, siendo esto no más que el resultado del compromiso de actuar con coherencia.

 

 

1 La gran Carla Lonzi fue quien bautizó el ejercicio.

2 Librería de mujeres de Milán. No creas tener derechos.

3 https://troikapunk.bandcamp.com/

4 Cathy Levine, La tiranía de la tiranía.

5 El Comité Invisible. A nuestros amigos.

6 En concreto hago referencia al ensayo de “Mirándonos a los ojos: mujeres negras, ira y odio”, recogido en La hermana, la extranjera. Artículos y conferencias por Horas y Horas.

Por V.

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